Francisco Villa
No nació en Chihuahua, pero la trascendencia que tuvo en nuestra ciudad, estado y país desde Chihuahua, hace imprescindible que se le mencione como un personaje ilustre de Chihuahua.
Nació el 5 de junio de 1878 en el estado de Durango, siendo su nombre Doroteo Arango. A escasos 17 años sufre el ultraje de su hermana y hiere gravemente al infiel, lo que lo obliga a huir de la justicia y se une a una gavilla de abigeos y asaltantes, cuando muere el jefe de la gavilla cuyo nombre era Francisco Villa, Doroteo Arango asume el mando del grupo y adopta el nombre de su jefe anterior. Doroteo Arango fue un hombre de contrastes, carácter indómito, no se sometía a ninguna disciplina, pero sabía imponerla, de temperamento variable, susceptible a la sensibilidad pero también a la ira, pues lo mismo se enternecía que podía hacer explosión de coraje en forma incontenible.
Prestó importantes servicios a la revolución, aunque opacados en parte por los numerosos excesos que cometió, considerado por lo anterior, como héroe para muchos y como ladrón y criminal para otros. Llegó a dominar dos terceras partes del territorio nacional. En 1913, el general Villa fue proclamado gobernador del estado, pero siendo hombre de batalla, 30 días después de su nombramiento el 8 de enero de 1914 cedió la gubernatura al general Manuel Chao. Sin embargo, en este mes como Gobernador realizó acciones muy concretas como reparto de tierras, alimentos a bajos costos para el pueblo y creó el Banco de Chihuahua para refaccionar a agricultores y empresas populares. El 31 de enero de 1915, asumió la dirección de los negocios públicos en la zona ocupada por las tropas a su mando directo habiendo ejecutado innumerables actos propios de un Jefe de estado.
Desde principios de 1916 hasta mediados de 1920, el Centauro del Norte incursionó por los estados de Chihuahua, Coahuila y Durango con una velocidad extraordinaria y una sagacidad inaudita, aplicaba ingeniosas estrategias militares, recorría distancias enormes y, en donde era menos esperado, atacaba a las columnas federales encargadas de su persecución, al mismo tiempo que por donde quiera cometía multitud de crímenes, ya sea personalmente o por conducto de sus famosos Dorados. Por lo anterior, el gobierno del estado llegó a ofrecer hasta cien mil pesos a quien lo entregara vivo o muerto. Finalmente, murió en una emboscada en 1923 en Hidalgo del Parral, Chihuahua.